DISCURSO DE PILAR COLL EN LA ENTREGA DEL TERRENO PARA EL
MUSEO DE LA MEMORIA
Ha sido este un momento largamente esperado que recibimos con honda satisfacción al
vislumbrar la posibilidad de concretarse el proyecto del Museo de la Memoria para
honrar a todas las víctimas que nos dejó el conflicto armado interno. Pero me pregunto
por qué precisamente yo he sido invitada a decir unas palabras ante ustedes. Una razón
para esta distinción que agradezco un tanto abrumada, es el hecho de ser miembro del
Consejo de Reparaciones a las víctimas de la violencia política, circunstancia que me
permite asumir su causa con objetividad y cercanía, sumada a mi trayectoria de
defensora de los derechos humanos de larga data.
Quiero afirmar con mucha claridad que el Museo de la Memoria debe ser para todas las víctimas, sin exclusión ninguna. Construir lugares de memoria es un modo de honrar colectivamente a las víctimas e
incorporar ese legado a la comunidad, tratando de restañar heridas en una sociedad
traumatizada por la muerte, el dolor injusto, la exclusión y la desconfianza. Un lugar de
memoria es forzosamente una entidad viva que dialoga con el pasado para entenderlo y
para entendernos pero que nos sitúa de cara al futuro, a un futuro fundadamente
esperanzado, con pleno conocimiento de los efectos destructivos de los pasados
crímenes y violaciones a los derechos humanos y precisamente para que nunca más
volvamos a repetir una situación semejante. Elaborar la memoria expresa una necesidad
humana fundamental como es recuperar la identidad. Un pueblo sin memoria de su
pasado, es un pueblo sin identidad. Solo mediante una memoria compartida que no
pretenda ocultar ni las víctimas ni los crímenes pero tampoco los actos de valentía y de
heroísmo, que también los hubo, podremos enfrentar el futuro con esperanza fundada..
Para que sea posible un proceso de
colectiva. No podemos pasar por alto los hechos penosos pero hemos de sacar
enseñanzas de las páginas oscuras y dolorosas de nuestra historia e ir a las causas que
hicieron posible tanto horror y tanto sufrimiento.
Solo es posible iniciar un proceso de genuina reconciliación desde el reconocimiento y la inclusión de los históricamente excluidos, desde la verdad, la justicia y la reparación integral a las víctimas. Pero la
reconciliación es un proceso complejo y de largo plazo que no pueden llevarlo a cabo
solo los Estados –aunque tienen parte fundamental en el mismo-; se hace necesario
también el aporte de todas las fuerzas vivas de la sociedad. El Museo de la Memoria
debe ser también un estímulo y una llamada para que este aporte cristalice en una realidad
Al hablar de las reparaciones, no puedo dejar de hacer mención a la necesidad
impostergable de que el Consejo de Reparaciones reciba el apoyo necesario para
avanzar en la compleja tarea del la inscripción de las víctimas, condición “sine cua
non”para que estas puedan ser reparadas. Por falta de recursos económicos el Consejo
ha tenido que paralizar sus funciones en los dos últimos meses, algo que resulta a todas
luces inadmisible si tomamos en serio los problemas que afectan a las víctimas y a sus
familiares que como dolorosamente nos descubrió la Comisión de la Verdad y
Reconciliación, en su mayor parte han sido peruanos pobres, olvidados por el Estado y
por la sociedad y ausentes hasta ahora de la memoria nacional.
simbólicas, aún siendo muy importantes, no sustituyen el derecho de las víctimas a las
reparaciones en salud, educación y a otras que puedan aprobarse y a las reparaciones
económicas individuales. Son un derecho que la CVR reivindicó para ellas
Me atrevo a pedir que el Consejo de Reparaciones tenga un espacio en el Museo de la
Memoria. Será un modo más de mantenerlo vivo, visitado por todos, incluidas
primordialmente las víctimas que dejarán constancia de su terrible pasado y de sus
esperanzas de resarcimiento. Esto no es forzar el sentido de este futuro lugar puesto que
la inscripción en el Registro es ya el inicio formal de una reparación moral y simbólica
de primer orden, al reconocerlas como víctimas de la violencia,, como lo indican las
Recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Personalmente creo en la enorme fuerza de lo simbólico y las reparaciones no son una
excepción. Las reparaciones simbólicas, entre las que se cuenta el proyecto que hoy
inauguramos, nos permiten recordar positivamente un hecho traumático y mantener un
recuerdo vivo de las víctimas, son íconos que mantienen para todos nosotros las
lecciones del pasado como parte de la memoria colectiva que ayudan a elaborar. Por el
contrario, la amnesia es enemiga de la reconciliación porque niega a las víctimas el
reconocimiento público de su sufrimiento e incita a los perpetradores a negar los hechos
y sus responsabilidades, a la vez que priva a las futuras generaciones de la oportunidad
de comprender y de aprender del pasado.
Entiendo que corresponde a la capital de Perú tomar la iniciativa en la gran tarea de la memoria y la reparación, reconociendo que Lima en algún tiempo fue indiferente, se puso de espaldas a la parte sufriente del Perú y no se sintió afectada por el sufrimiento que asolaba una parte de los que también eran y son peruanos. Como dijera recientemente José de Piérola, ha habido una vocación por la desmemoria en el Perú y es que hay tantos horrores en el pasado reciente de los peruanos que no
podemos darnos el lujo de olvidar
El Museo de la Memoria está llamado a ser un lugar de evocación y recuerdo de todos los peruanos que perdieron la vida a causa de la violencia política que asoló nuestro país en las décadas pasadas,
No hay comentarios:
Publicar un comentario